LAS LEYES SE REFORMAN COMO CAUSA IMPRESCINDIBLE DE SU VIGENCIA
Siempre hemos entendido, porque así nos lo han explicado, que el Derecho va creando y aprobando aquellas normas jurídicas que regulan los conflictos que van surgiendo en una sociedad. Me decía un jurista amigo mío, al que juzgo de sabio, que en el siglo XIX no existían automóviles, por lo que no era necesario crear un código de la circulación, como hoy lo entendemos y existe: compendio de una serie de normas reguladoras de la circulación rodada de vehículos a motor. Esto me recuerda a nuestro militar del trienio liberal RAFAEL DE RIEGO, que el pobre se jactó de dar trotes con su caballo por las Cabezas de San Juan intentando proclamar
Mas aún, hoy la circulación, el tráfico, comprende unas leyes legislativas que han provocado reglamentos, decretos y demás disposiciones, con sus modificaciones respectivas, que ponen, si se dejan, “tente tieso” al conductor. Y eso es bueno. Enhorabuena PERE NAVARRO. Pero, como dice mi amigo jurista, esas leyes que se están aprobando para evitar los accidentes de circulación también fueron aprobadas en el siglo XIX. No en los mismos términos, pero si con el mismo fin. Me explico. En el siglo XIX el trasporte particular era el coche de caballo (equivalente al automóvil de hoy). Dicho medio de circulación también es peligroso para el peatón, y en definitiva, provocan un peligro objetivo. Este medio de circulación era de uso exclusivo de los pudientes. Es decir, de los ricos, de las personas bien acomodadas. Y por ello, disfrutaban de las mejores calesas y faetones. Y existía el alcohol, y los atropellos a peatones. Las disposiciones legales tenían como fin “la regulación del tráfico”: unos por la derecha, los contrarios por la izquierda. Hay que llevar luces y otras imposiciones municipales, debido al aumento del referido transporte en las calles. Sanciones pocas y leves. La única indemnización por responsabilidad era la caridad que estimara, si tenía caridad, el pudiente. Otros tiempos, otras ideas, que fundamentan el título de este blog:
Frente al moderno código de la circulación de los vehículos a motor estuvo la antigua normativa reguladora del tráfico de los carromatos de tracción animal y demás caballos, mulas y pencos. Pero en cuanto a los carromatos, una internauta, DOÑA NURIA B. MARTINEZ, nos explica el por qué estos vehículos circulaban a la inglesa, es decir, por la izquierda, y nos dice: Los cocheros sujetaban las riendas con la mano izquierda y manejaban el látigo con la derecha. Si circulaban por la derecha, al chasquear el látigo hacia los caballos en el movimiento de retroceso los peatones que circulaban pegados a los carros eran lastimados. Así que, en todos los países con un poco de sentido común, se decidió que los carruajes circulasen por la izquierda para que el látigo quedase en el centro de la calzada y como mucho se lastimase a los animales de tiro del resto de los ciudadanos.
Cuando los vehículos de transporte pasaron a ser de tracción motora y el látigo era inservible, muchos de los países que conducían por la izquierda volvieron a la derecha ya que se consideraba que para el conductor era más fácil cambiar de marchas con la derecha y había una mejor visibilidad si los coches pasaban por su izquierda.
Los ingleses por su parte decidieron seguir con la tradición hasta hoy.
Como se acredita, el cambio que se ha producido del siglo XIX al XX, de la normativa jurídica que regula el tráfico rodado, ha dependido única y exclusivamente, del látigo.
El leguleyo

